De ser dote de una boda a la declaración de la Independencia: mitos y verdades de la histórica casa de Tucumán

En la escuela nos frustrábamos en reproducir fielmente las columnas salomónicas que adornaban su entrada, y nos empecinábamos en pintar en amarillo sus paredes y verdes su puerta y ventanas, tal cual aparecían en los manuales de historia. Sin embargo la casa histórica fue víctima de la indiferencia y la desidia, que provocarían su demolición y su reconstrucción, muchos años después.

Cuando se declaró la independencia, la dueña de la casa de la calle del Rey era ya una mujer que había pasado los setenta años. Se llamaba Francisca Bazán de Laguna y había nacido en Tucumán por 1740.

En 1762 la mujer, que descendía del conquistador español Juan Gregorio Bazán y de Juan Ramírez de Velazco, se casó con el español Miguel de LagunaComo dote, el papá de Francisca aportó la casa que es la que pasaría a la historia.

La casa fue construida por 1760. Concebida como una residencia señorial, del zaguán de entrada se pasaba a dos ambientes; luego, se accedía a un primer patio, estaba rodeado de las habitaciones que ocupaban la familia, y que incluían la sala y el comedor. Después de traspasar tres salones, se llegaba a un segundo patio en el que se encontraban las dependencias para el personal de servicio, la cocina, el pozo de agua y las letrinas; el terreno finalizaba en una huerta.

Casa se alquila

Luego de la batalla de Tucumán, en septiembre de 1812, el gobierno se la alquiló a Juan Venancio Laguna, uno de los hijos de Francisca, que era el que llevaba adelante los asuntos de la familia, ya que el padre había fallecido en 1806. Se la destinó para alojamiento de la tropa, almacén de guerra y Aduana. Francisca, junto a su familia, debió mudarse a una propiedad lindera.

Cuando decidió celebrarse el Congreso que terminaría declarando la independencia «la tradición sostiene que Francisca la prestó», explicó a Infobae el investigador Juan Pablo Bulacio, guía de la Casa Histórica. Lo cierto fue que el gobierno determinó que la casa fuese la sede porque «ya la venía alquilando».

En febrero de 1816 comenzaron a acondicionarla. Gracias a comprobantes de pago de materiales guardados en el archivo histórico local, se determinó que el frente se pintó con cal y las aberturas de azul prusiano, que simbolizaban los colores de la bandera. Bulacio aclaró que en 1816 «las paredes no estaban pintadas de amarillo ni las aberturas de verde».

Para el salón de las deliberaciones de los diputados, se eligió uno de los comedores. Para hacerlo más amplio, se demolió una pared de adobe, con lo que se amplió su capacidad. Se repararon los techos, se construyeron letrinas y se llevaron más muebles.

Así fue cómo en la histórica casa se declaró la independencia el martes 9 de julio de 1816 a las 15 horas. El congreso había comenzado sus deliberaciones el 24 de marzo y sus diputados se alojaron en casas de familia.

Al día siguiente, en su patio, se organizó un baile que congregó a la elite local y a los congresales. Los festejos luego continuaron en la casa del gobernador Bernabé Aráoz, el 25 de julio. Adam Graaner, un sueco que fue testigo de aquel acontecimiento, escribió que «todo se desarrolló con un orden y una disciplina que no me lo esperaba. Después que el gobernador de la provincia diera por terminada la ceremonia, el general Belgrano tomó la palabra y arengó al pueblo con mucha vehemencia prometiéndole el establecimiento de un gran imperio en la América meridional, gobernado por los descendientes -que todavía existen en el Cuzco- de la familia imperial de los Incas». En uno de estos festejos, Manuel Belgrano conocería a Dolores Helguero, con quien tendría una hija, Mónica.

Crónica de un abandono

En 1817, los Laguna volvieron a vivir en la propiedad, aunque algunas dependencias se alquilaban. Pasaron los años y en 1870 una de las bisnietas de Francisca la vendió al Estado.

La casa estaba en muy mal estado y se demolieron el frente y las habitaciones del ala derecha del primer patio. Antes, el fotógrafo Ángel Paganelli pudo registrar su frente y uno de sus patios, a pedido de la familia, a fin de concientizar al gobierno del ruinoso estado en el que se encontraba.

Esa fotografía se convertiría en el único testimonio gráfico que se conserva de la casa. Se decidió preservar el salón de la jura.

En 1874, el gobierno nacional la adquirió. El presidente Nicolás Avellaneda, tucumano, dijo que lo hizo para «conservar el antiguo salón de la jura de la independencia». Sería sede del juzgado, del Correo y luego también del Telégrafo. En 1880, la casa ostentaba un nuevo frente, pero su interior estaba en muy mal estado, incluso el histórico recinto.

En lugar de realizar las refacciones, las distintas dependencias oficiales fueron mudadas y así por 1896, la casa quedó abandonada. Interesaron al presidente Julio A. Roca, quien ordenó construir un templete para proteger el salón, que contaba con ornamentos esculpidos por Lola Mora.El resto fue demolido.

Hasta que en 1941 el arquitecto Mario Buschiazzo lideró el proyecto de reconstrucción de la casa, tal como lucía en 1816. Para ello se basó en los planos existentes y en la famosa fotografía de Paganelli. En el mismo sentido, ubicó los cimientos originales, lo que le ayudaron a guiarse. Para acercarse lo máximo posible a su estilo original se usaron aberturas, rejas, baldosas, ladrillos y tejas de la época que pudieron adquirirse. En 1943 fue oficialmente inaugurada.

Se ignora, a ciencia cierta, la fecha exacta de la muerte de Francisca Bazán de Laguna; tal vez en 1823 o en 1825. Como también no se tiene certeza que, ante la noticia de que el congreso se celebraría en su casa, habría manifestado que «es un orgullo que esto esté pasando en mi casa». Verdad o leyenda, motivos no le faltaban.

Fuente: infobae.com